Planta Blumar Corral: 18 años contribuyendo al desarrollo de la zona

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Relevando la importancia de la Responsabilidad Social Empresarial y el cuidado del medio ambiente, la empresa Blumar tiene como objetivo afianzar los lazos con la comunidad, contexto en el que desde este año integra la Cámara de Comercio e Industrias de Valdivia.

“A través de nuestra incorporación nos interesa relacionarnos con la comunidad. En Corral lo hacemos hace tiempo y la gente nos conoce, pero en Valdivia, salvo los proveedores de insumos o de repuestos, el resto nos conoce muy poco”, señala el gerente de la planta de Corral, Carlos Jainaga (58), ingeniero civil químico de la Universidad Federico Santa María.

Originario de Ancud, Carlos Jainaga lleva casi 20 años viviendo en la zona, desde el año 1999, en que estuvo a cargo del traslado de la planta de Blumar desde San Antonio a Corral, tiempo desde el cual ha encabezado la gestión de esta unidad productiva, durante el que la empresa ha desarrollado una estrecha relación con la comunidad circundante, contando con una planta de trabajadores de la zona y apoyando iniciativas de RSE.

Blumar se ha transformado en la principal fuente de empleo de la comuna. Actualmente, contratados por la empresa, en la planta hay 92 trabajadores, entregando empleo además a contratistas y embarcados, alcanzando una cifra cercana a las 400 personas, trabajos caracterizados por permanencia en el tiempo y un buen nivel de remuneración en relación con el mercado laboral de la zona, Jainaga detalla que: “Nuestros empleos son bastante estables, hay gente que lleva casi 19 años en la planta, desde que empezó a funcionar, siendo la mayoría de Corral”.

“Somos una empresa que se caracteriza por hacer bien las cosas. Ese es nuestro objetivo diario, y ejemplo de ello es la relación que mantenemos con nuestros proveedores, especialmente los de menor tamaño. Con ello nos comprometimos desde el año 2016 a pagar sus facturas antes de 30 días. Eso nos permitido alcanzar el sello ProPyme, certificación que acabamos de renovar, con un cumplimiento del 99,7%”.

Producción

La planta de Corral procesa sardinas y anchovetas y produce harina y aceite de pescado, que sirve como alimento principalmente para pescados y mariscos, como camarones, anguilas y salmones. Además del mercado local, la producción va principalmente a los mercados de China, Japón y Corea, siendo la única planta de su tipo en la zona.

El año 20016 procesaron 70 mil toneladas, lo que significó compras de pesca por 12 mil millones de pesos, “esa no es plata que llegue al Banco Central o al SII, va directo a la gente, al armador y al tripulante”, indica el gerente de la planta.

Una embarcación artesanal puede tener un máximo de 18 metros: “Los armadores pescan con redes de cerco, normalmente salen después de medianoche y regularmente para el mediodía están recalando con muy buena pesca, explica, “en total son como 22 armadores, hay algunos que tiene más o menos cuotas, pero pueden tener solo una embarcación”.

“La pesca llega al muelle y se mete dentro de una manguera que succiona al vacío, generándose una mezcla de pescado con agua, precisa, llegando a un estanque donde se impulsa con aire a los pozos; sometiéndose después a cocción y prensado, ya que el pescado tiene principalmente agua, de ahí se separan los líquidos y se sacan las partículas sólidas en un decanter, pasando luego a una separadora que le saca el aceite”, explica Jainaga.

El líquido que queda se llama agua de cola, mezcla de agua con proteína soluble, que pasa a un evaporador, que tiene la particularidad de que no ocupa energía externa, “porque de ahí sale un concentrado que se mezcla con los sólidos y van a los secadores, y el vapor que sale de los secadores hace funcionar el evaporador, y a su vez esa energía sirve para constituir agua de cola, por lo cual no ocupamos energía adicional, después pasa por un enfriador, se agregan antioxidantes y se ensaca en bolsas”.

Valor nutricional de la harina de pescado

Históricamente se ha buscado que la harina que se obtenga venga del pescado lo más fresco posible, porque será más saludable para alimentar al animal. Carlos Jainaga relata que antes se realizaba un análisis de proteínas, y mientras más tenía, más fresco era; pero con este método era posible obtener bastantes proteínas con pescados no tan buenos, por lo que lo que se mide en la actualidad es el nivel de histaminas, “que corresponden al nivel de aminas biogénicas, resultado que no es alterable”. En este marco, “las harinas de mejor calidad son las que tienen un nivel de histaminas bajo 500, después siguen las bajo mil y después bajo 2000”, explica, señalando que en los últimos años la empresa “ha invertido mucho para optimizar estos resultados”.

Carlos Jainaga iagrega que cuando la harina era muy barata, se vendía para los pollos, “pero ahora es un lujo que no pueden pagar”. “Antiguamente se hacía harina de pescado para alimentar pollos, y se competía con la harina de soya, pero resulta que la harina de pescado tiene 1,8 veces más proteína que la harina de soya, por lo que valía 1,8 veces más, pero cuando la cosecha de soya era muy buena, el precio de la harina se iba para abajo”. Cuando se empezó a alimentar peces y camarones con harina de pecado se separaron las dos cosas, y por lo específico que se ha vuelto su uso, se ha vuelto muy caro”.

“Los pollos pueden comer cualquier cosa, pero los camarones o las anguilas no, por lo que ahora los únicos que compran harina para alimentar a otros animales son los criadores de cerdos, con el fin de mejorar su dieta”, detalla.

Preocupación por el entorno

Desde el año 2016, Blumar cuenta con una estrategia de sostenibilidad que está sustentada en tres pilares: eficiencia, innovación y sostenibilidad del recurso. En cada uno de ellos el resguardo al medio ambiente es una tarea prioritaria, sostiene el gerente de la empresa.

“Nuestra planta genera harina, aceite y agua evaporada, en los que no hay residuos. Tenemos una Resolución de Calificación Ambiental (RCA), que garantiza desde antes de que la planta se instalara, se revisaron aspectos tanto socioeconómicos como ambientales, considerando calidad del agua y del aire, estudio que cada seis meses debe repetirse sobre los mismos puntos”, acota.

Asimismo, sostiene que se realizan análisis de bentos en el fondo marino, “ahí los biólogos ven organismos y densidades de estos, tanto en invierno como en verano, considerando que sean similares a la condición inicial. Si, por ejemplo, se botara algún contaminante, el equilibrio se rompería, entonces, en la medida que estos parámetros se mantengan, quiere decir que se funciona bien”.

El Administrador de la Planta Blumar destaca que estas mediciones se llevan realizando desde ya hace 18 años, siendo un tema al que dedican especial atención: “Somos bastante cuidadosos, por eso, cuando algunas personas nos preguntan respecto a nuestra producción y señalan que no han sentido olores contaminantes, eso significa que estamos haciendo las cosas bien”, concluye.

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